Con la llegada del Aeropuerto José María Córdoba, se marcó el inicio del llamado desarrollo para el municipio de Rionegro. Hoy con aproximadamente 100 mil habitantes, este municipio ya es considerado como una pequeña ciudad del Oriente antioqueño. Con la presencia del aeropuerto, empezaron a instalarse algunas industrias, a tecnificarse algunas producciones y a importarse productos que antes se construían en las calles, como los zapatos. La llegada de grandes centros comerciales y nuevos escenarios deportivos, han hecho que Rionegro sea visto como el lugar adecuado para trabajar, vivir y encontrar las oportunidades que no se han encontrado en otros municipios.
Los habitantes no han tenido el suficiente tiempo para interiorizar esos cambios; de un momento a otro, al lado de alguna casa se empieza a construir una nueva urbanización, un nuevo edificio o se empieza con la ampliación de las vías. Esos cambios en el espacio generan nuevas prácticas culturales y narraciones en sus habitantes. Los escenarios urbanos, traen consigo una cantidad de imaginarios que se manifiestan en las calles de Rionegro. Inseguridad, progreso, son dos posiciones que se marcan en la nueva cara de este municipio.
Con la llegada de la industria, la población se ha incrementado por el requerimiento de mano de obra especializada; como Rionegro no contaba con esos profesionales, las calles empezaron a ser habitadas por gente de pueblos cercanos o lejanos. Pasados algunos años, la población de Rionegro se capacitó para esos trabajos, pero la migración en busca de empleo no se detuvo. Esta situación viene en constante crecimiento en el municipio, lo que ha generado situaciones de desplazamiento, desempleo y más migración del sector rural al urbano, con la intención de encontrar nuevas oportunidades laborales.
Estas nuevas dinámicas en el municipio son las que generan la alteración en los procesos culturales. Las transformaciones alteran también los procesos de producción, circulación e inculcación de símbolos y de saber. Los habitantes moldean sus comportamientos de acuerdo a las nuevas reglas impartidas por el modelo económico que empieza a circular por sus calles, y así evitar una posible expulsión del sistema.
El instinto de supervivencia de la humanidad, es el que facilita el moldeamiento al sistema que casi siempre es impuesto desde arriba, desde el Estado, la élite y el poder; esta instauración de nuevos modelos sociales se realiza sin contar con el consentimiento de la base o del pueblo, pero es ella la que debe acomodarse a los requerimientos para su funcionamiento y la supervivencia en él.
Las conversaciones en el municipio han cambiado, las preocupaciones de sus habitantes circulan de acuerdo a las necesidades de la naciente ciudad. Las interacciones sociales están medidas por unos intereses más de tipo industrial, comercial y del ámbito de los negocios y la rentabilidad. Al cambiar la forma de relacionarse, cambian los imaginarios del territorio que habitan; se les hace normal lo que sucede en la calle, porque creen que es propio de esa nueva dinámica social que circula en el espacio habitado por todos. El concepto de comunidad se reduce a algunos barrios y se impone el concepto de sociedad de la información y el de la globalización del capital.
Las prevenciones sobre los impactos sociales de esas nuevas infraestructuras, no se han tenido muy claras en el municipio de Rionegro. Lentamente han ido apareciendo las patologías de una sociedad industrial. Mendicidad, desnutrición, suicidio, incremento en el comercio informal y trabajo infantil son algunas de las consecuencias que ya se ven en Rionegro.
El municipio presenta uno de los índices en comercio informal más alto de la región del Oriente antioqueño. En sus calles, es cada vez más habitual ver los vendedores de minutos, los ambulantes, los vendedores de manillas y artesanos que trabajan en las calles. Es importante anotar que Rionegro se considera un municipio receptor. Con los problemas de seguridad de la región, este municipio ha albergado a varias víctimas de los conflictos armados en el Oriente, ha recibido desplazados de fuera de Antioquia y a población desempleada de la zona costera y de Urabá.
Con este panorama y la poca capacidad de generar empleo del municipio, estas personas ven en el comercio informal una forma de ganarse la vida y sostener a sus familias. Nuevos barrios empiezan a construirse y a marginarse. La estratificación se empieza a marcar cada vez más, y la mejor señalización que sus habitantes encontraron fue la del espacio urbano.